Propósito
Todos los dias, donde me encuentre, los miro.

Creo entenderlos.
Propósito
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Adios a la Victoria.
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nevver:

Post-war, Josef Darchinger
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Post-war, Josef Darchinger
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Post-war, Josef Darchinger
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Post-war, Josef Darchinger
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Post-war, Josef Darchinger
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Me quedo con tu sonrisa
con esa falsa cicatriz
con ese dolor 
genuino y desvastador.
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"A veces, el destino se parece a una pequeña tempestad de arena que cambia de dirección sin cesar. Tú cambias de rumbo intentando evitarla. Y entonces la tormenta también cambia de dirección, siguiéndote a ti. Tú vuelves a cambiar de rumbo. Y la tormenta vuelve a cambiar de dirección, como antes. Y esto se repite una y otra vez. Como una danza macabra con la Muerte antes del amanecer. Y la razón es que la tormenta no es algo que venga de lejos y que no guarde relación contigo. Esta tormenta, en definitiva, eres tú. Es algo que se encuentra en tu interior. Lo único que puedes hacer es resignarte, meterte en ella de cabeza, taparte con fuerza los ojos y las orejas para que no se te llenen de arena e ir atravesándola paso a paso. Y en su interior no hay sol, ni luna, ni dirección, a veces ni siquiera existe el tiempo. Allí sólo hay una arena blanca y fina, como polvo de huesos, danzando en lo alto del cielo. Imagínate una tormenta como ésta.
( … )
Y tú en verdad la atravesarás, claro está. La violenta tormenta de arena. La tormenta de arena metafísica y simbólica. Pero por más metafísica y simbólica que sea, te rasgará cruelmente la carne como si de mil cuchillas se tratase. Muchas personas han derramado allí su sangre y tú, asimismo, derramarás allí la tuya. Sangre caliente y roja. Y esa sangre se verterá en tus manos. Tu sangre y, también, la sangre de los demás.
Y cuando la tormenta de arena haya pasado, tú no comprenderás cómo has logrado cruzarla con vida. No. Ni siquiera estarás seguro de que la tormenta haya cesado de verdad. Pero una cosa sí quedará clara. Y es que la persona que surja de la tormenta no será la misma persona que penetró en ella. Y ahí estriba el significado de la tormenta de arena."
Haruki Murakami Kafka en la orilla
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Francia
Me gusta esta calle, estos adoquines, este cordon de piedras, bloques asimétricos. Cuesta abajo, las curvas me llevan a casa.  En el camino, un jardín, paredes verdes de enredaderas. Verde menta. 
Las farolas de otro continente iluminan a un ilustre caballero. 
La fuente, origen y contención. Musas inmortales.
Los edificios se elevan, las calles cambian de sentido pero ella sigue allí, resiste al tiempo, a los deseos de cambio. 

Contemplo cada fragmento de esta calle, como en un intento de memorizarla pero no puedo, es hermosa, su belleza me abstrae. Solo puedo contemplarla, desear que nunca cambie, que siga asi, nostálgica.
: Las cartas de los muertos Leemos las cartas de los muertos como...